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Alergia a hongos, moho o humedad.


Publicado el 16/01/2018

Los hongos microscópicos que se encuentran tanto al aire libre como en interiores, también conocidos como mohos causan alergia con frecuencia. Entre estos se cuentan Alternaria, Aspergillus, Fusarium, Penicillium, Cladosporium. Como los hongos crecen más en condiciones de humedad, a veces se habla de “alergia a la humedad” para referirse a la alergia a los hongos. Los mohos son uno de los alérgenos más comunes en el planeta. Existen miles de especies de moho, aunque, afortunadamente, sólo algunos son alérgenos. Estos minúsculos hongos se reproducen y propagan mediante esporas microscópicas que flotan en el aire, como el polen. Estas pequeñas esporas son los alérgenos que, cuando los inhalamos, pueden provocarnos síntomas de alergia. Pero, a diferencia del polen, el moho no tiene una temporada específica de propagación y su presencia en el aire depende principalmente de las condiciones meteorológicas como la humedad, el viento, la lluvia o la temperatura. Las esporas del moho son muy resistentes y pueden sobrevivir en condiciones ambientales muy variadas. Cada espora que germina genera nuevo moho, y éste, a su vez, puede producir millones de esporas. Una colonia de moho se puede ver como manchas o rayas grisáceas negruzcas.

El moho se encuentra casi en todos los ambientes, tanto al aire libre como en interiores. Para crecer, el moho necesita humedad y oxígeno. Al aire libre, suele encontrarse en zonas o lugares húmedos y sombreados, donde hay hojas en descomposición u otro tipo de vegetación; en la tierra, en la madera que se pudre, donde se apila el abono, en el césped cortado, en las zonas boscosas, etc.

En el interior de la casa, el moho afecta sobre todo a las zonas húmedas, cálidas y poco iluminadas como sótanos, armarios, baños, duchas, invernaderos, saunas, refrigeradores y otros lugares donde se guardan alimentos, tarros de basura, alfombras, plantas, aparatos de aire acondicionado, humidificadores, muebles tapizados, almohadas y colchones (sobre todo los de espuma). El moho crece fácilmente en objetos de papel, de cartón, en las tejas del techo, en artículos de madera, en el polvo, en las pinturas y en el tapiz de las paredes, en los materiales aislantes y en los muros. Siendo que el moho necesita humedad para crecer, hay que vigilar sobre todo las zonas donde hay humedad o goteras y los lugares que se hayan inundado.

Síntomas: La alergia al moho puede provocar muchos síntomas, como rinitis alérgica, estornudos, congestión o secreción nasal, dificultad respiratoria, asma, ronchas, erupciones, y picazón en la nariz, el paladar, la garganta, los ojos y los oídos. La mayoría de síntomas afectan a las vías respiratorias, la piel y los ojos. La gravedad de los síntomas varía de persona a persona.

Consejos para reducir la exposición a las esporas de hongos: En el exterior de las viviendas la persona alérgica a los hongos debe intentar evitar:

    • Estar en contacto con vegetación muerta o en estado de descomposición.
    • Levantar las hojas caídas en el suelo en otoño.
    • Manipular cualquier tipo de granos o entrar en lugares de almacenamiento, vegetales y alimentos en general.
    • Caminar por zonas rurales los días soleados y ventosos, sobre todo en las épocas de cosecha.
    • Tener vegetación densa próxima a su lugar de residencia.

En el interior de la vivienda se debe procurar:

  • Mantener seca la ducha o el baño, mamparas, cortinas, alfombrillas, toallas y, en general, todo el cuarto de baño.
  • No usar esponjas de baño.
  • No guardar la ropa o el calzado húmedos en armarios o zonas poco ventiladas.
  • Dar preferencia a las fibras sintéticas sobre el algodón u otros productos textiles en alfombras y cortinas.
  • Evitar la formación de manchas de humedad en paredes o ventanas.
  • Usar pinturas antifúngicas o aerosol de fungicidas si hay zonas con tendencia a presentar humedad.
  • No dejar alimentos fuera del frigorífico durante mucho tiempo.
  • Eliminar las bolsas de basura diariamente.
  • Si se poseen plantas de interior, vigilar el buen estado de las hojas y de la tierra, asegurándose de que no haya signos de putrefacción o contaminación por hongos.
  • Evitar la presencia y acumulación de polvo en la vivienda.
  • Aspirar el dormitorio diariamente.
  • En el domicilio del paciente es recomendable mantener una humedad relativa por debajo del 60%, absteniéndose del uso de humidificadores ambientales.
  • Usar, si es necesario, deshumidificadores, pero con estrecha vigilancia del aparato para evitar contaminaciones.
  • Si hay aire acondicionado, limpiarlo con frecuencia y cambiar regularmente los filtros de agua.